Dos aspectos destaco dentro de todo el entorno de la
auditoría forense que el actual directorio de la ANFP, efectuó a la gestión
encabezada por Sergio Jadue.
El primero, es que todos aquellos dirigentes de la época,
que montaron la maquinaria para que Jadue asumiera la presidencia, no están hoy
en el fútbol. Dirigentes de los clubes más grandes, accionistas de la
sociedades anónimas que hoy los regenta, gente proveniente del mundo de las
finanzas, todas del mismo sector político, se dice que habría existido cierta
coordinación desde la Moneda y que encontraban una herejía de Harold Mayne
Nicchols, pretender repartir excedentes del fútbol, en cantidades iguales a
todos los clubes socios de la ANFP.
Claramente, si veían el fútbol como una actividad que
rentabilizara su inversión, no podían permitir un presidente que tomara
acciones en sentido contrario. Históricamente, los 3 clubes considerados más
grandes, se llevan un porcentaje bastante mayor que el resto de los equipos de
primera A y, sobretodo, de primera B.
Pero, es dable concluir que con Jadue en la testera de la
ANFP, ellos pudieron dejar esta actividad, satisfechos por haber logrado
maximizar su patrimonio y partir buscando nuevos negocios…
El otro aspecto, atañe al resto de los dirigentes. Jaime Estévez,
ex ministro, ex presidente del Banco del Estado, ex parlamentario y cabeza de
la comisión que revisó la situación financiera en que Jadue había sumido a la
ANFP, comentó ante cámaras y micrófonos, que las explicaciones del calerano,
los habían dejado satisfecho.
Esta sólo fue una gota dentro del vaso. En una asamblea de
presidentes de clubes, Jadue anunció el reparto de casi 23 mil millones de pesos,
según Ciper. Los clubes organizados como sociedades anónimas, debían tributar
sobre los dineros que recibirían. Pero, el presidente, preocupado por sus
asociados, llevó a esa reunión a un abogado sedicente tributarista.
Este abogado les indicó cual sería el mecanismo para que los
clubes recibieran el dinero y no tuvieran que declararlos como ingresos,
evitando tributar. Todos los presentes aceptaron el trato, nadie levantó su
mano para dejar expreso algún desacuerdo. O sea, hubo unanimidad en asumir una
evasión tributaria.
Durante la administración Jadue, mucho dinero pasó por la
ANFP. Mucho de este dinero, se distribuyó a los clubes y mucho, también, fue
utilizado por la administración, empezando por su presidente. Pero lo que se
repartió, fue el dulce que logró mantener a todos callados o que miraran para
otro lado u olvidaran lo que, en algún momento, pudieron saber.
Las cifras son tan altas, que hoy resulta difícil creer que
nadie se dio cuenta de lo que estaba pasando, poco más allá de la sala de
plenarios. Nadie pidió o leyó un estado financiero. Nadie pidió una cuenta. Se
conformó con lo que quisieron decirle. Total, ¿para qué hacerse problemas, si
se llevaban un cheque para las arcas, no solo de su club?
Según el informe de la auditoría forense, Jade y algunos
integrantes de su directorio, malgastaron, despilfarraron o les dieron un uso para el
cual no estaban destinados, a una ingente cantidad de recursos provenientes de
los ingresos de la ANFP. Claramente, además, estos dirigentes pecaron por
acción, al llevar a cabo todas las acciones que hoy han estado saliendo a la
luz y que han causado tanta indignación.
Pero, es dable, entonces, señalar con el dedo a los otros
dirigentes, tanto de la ANFP como de los clubes, e indicarles que pecaron por
omisión, al no realizar acción alguna, no sólo para impedir estas prácticas,
sino, ni siquiera para mantenerse con un mínimo de información que podrían
haber evitado los hechos que en estas líneas, comentamos…
¿Quién queda libre de responsabilidades?