Se trata de una ley sobre aborto. Así que, cualesquiera que
sean nuestras posiciones al respecto, creo que el resultado no da para
alegrarse, ni para sentirse triunfador. Tal vez, para sentir una cierta
satisfacción interior, si el fallo del tribunal constitucional coincide con la
opinión individual.
Termina así un camino escabroso que demoró más de dos años en
ser recorrido. Si hacemos caso a la votación del Congreso como representativa
de todos los electores que elegimos a nuestros parlamentarios, la mayoría de
Chile está de acuerdo con la promulgación de esta ley.
El paso por el Tribunal Constitucional, al igual que
situaciones anteriores, es el último pataleo de la derecha, que se ve superada
por el juego democrático.
Aunque, debemos reconocer, en todo momento, que el tema no es
de solución fácil. Especialmente, la tercera causal de aborto, la del embarazo
por violación.
Esta causal se diferencia esencialmente de las otras dos: no
hay un padre que solidarice, contenga o comparta con la mujer, al momento de
decidir si interrumpe su embarazo. Aquí la mujer está enfrentada a si misma, a
sus miedos, fantasmas e incertidumbre por el futuro que se le viene encima. No
existe algo que atente más contra la intimidad de la mujer y la debe enfrentar
sola.
Resulta fuera de lugar una discusión, como la que se dio en el
Tribunal Constitucional: abogados expertos en cuanta ley se puede ser experto, fundamentalistas
en sus juicios, discutiendo si abortar era o no constitucional, si se atenía a
derecho, si se estaba defendiendo la vida.
A nadie se le ocurrió preguntar a las mujeres que están en
esta situación, cuanto se sienten respaldadas por la Constitución, por la
legalidad vigente. Nadie averiguó en cuanto las ayuda este respaldo.
Los hombres podemos levantar mucha polvareda sobre el aborto,
pero serán sólo reflexiones académicas. No estamos hechos para poder
imaginarnos la situación, la angustia, la desesperación de una mujer que ha
quedado embarazada producto de una violación. No podemos ni siquiera
aproximarnos al tema.
Nunca he tenido participación alguna, ni directa o
indirectamente, en la decisión de efectuar un aborto. Y ojalá que la vida no me
ponga en esta situación. La encuentro dramática, destructiva, aniquilante. Todo
mi ser se rebela frente al hecho.
Pero, si una mujer, producto de una violación, decide abortar,
no la condeno y respetaré su decisión, aún cuando no la comparta. No existe una
manera que yo pueda entender el proceso que seguirá su conciencia. Coincidamos que,
en ningún caso, saldrá limpia, deberá cargar con el hecho y esperemos que pueda
superarlo, para vivir en paz.
Tal vez, le solicitaría que denuncie el hecho. Que haga lo
posible para que el causante de su drama, pague. Que se haga justicia por ella
y por el niño que no nacerá…
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